Las
principales agencias espaciales apuestan por la exploración de asteroides que,
no sólo contienen claves sobre el origen del Sistema Solar, sino que son fuente
prácticamente inagotable de metales y otros compuestos esenciales.
Bienvenidos/as a una nueva entrada de este SciLog. Como
posiblemente sepáis, el mayor almacén de pequeños cuerpos de nuestro Sistema
Solar es el denominado cinturón principal de asteroides. En esa región situada
entre las órbitas de Marte y Júpiter se conocen cerca de medio millón de
asteroides. En realidad hay bastantes más pues si fuésemos al límite de la
definición de asteroide (objetos de al menos 10 metros de diámetro) la cifra
subiría a varios millones. La mayoría de los asteroides son cuerpos pequeños
que poseen diámetros inferiores a 100 km aunque haya siete de ellos con un
diámetro superior a 300 km. Un ejemplo claro de esos últimos es el gigante 1
Ceres (el número indica el número de catálogo del Minor Planet Center) que, a
pesar de poseer unos 930 km frente a los 530 km de diámetro de 4 Vesta, parece
ser un objeto mucho más primitivo que habría escapado a la diferenciación por
contener un alto contenido en volátiles. Al menos eso se piensa pues lo cierto
es que Ceres y Vesta, comparados con el diámetro de Marte en la Fig. 1, son el principal objetivo
científico de la misión Dawn de la NASA que pretende orbitarlos, cartografiarlos
y caracterizarlos a partir de cámaras y espectrómetros de última generación.
Ceres parece ser más primitivo lo que ahonda en la idea de la importancia de la
proporción de hielos y rocas que formaron estos cuerpos. Vesta, pese a ser más
pequeño, debió formarse mayoritariamente de la agregación mayoritaria de
planetesimales rocosos, con abundantes isótopos radioactivos que calentarían
eficientemente su interior mientras que algo diferente debió ocurrir a Ceres.
Sin embargo los resultados de la misión Dawn revelan que también ha sufrido el
bombardeo continuo de asteroides con una composición similar a las condritas
carbonáceas. Eso hace que la superficie aparezca esculpida por impactos y los
materiales sean una mezcla heterogénea de diversos materiales que conforman las
denominadas brechas.
TIPOS DE ASTEROIDES: CLASES ESPECTRALES Y MINERALOGÍA.
No
todos los asteroides son iguales. Existen diferentes poblaciones con
características particulares que sugieren que existió una agregación
diferenciada de objetos como función de la distancia al Sol y también como
función del tiempo. Incluso entre los mayores asteroides debe haber importantes
diferencias composicionales puesto que se formaron en instantes y lugares
diferentes interviniendo bloques primordiales (o planetesimales) de composición
enormemente variada. El cinturón principal se encuentra plagado de objetos de
naturaleza muy diversa y la mayoría son objetos pequeños no segregados en capas
como ocurre en los planetas terrestres. Por ello los asteroides no
diferenciados poseen metales (hierro, níquel, titanio, etc..) que poseen gran
relevancia en ramas de desarrollo tecnológico y están ya motivando propuestas
de misiones centradas en la denominada minería espacial. Ciertos grupos de
asteroides primitivos incorporaron grandes cantidades de agua y materia
orgánica y de ellos proceden las condritas carbonáceas. Tales asteroides
podrían tener un papel importante como fuente de hidrógeno, agua u oxígeno
tanto para producir energía (el primero) como para permitir el avituallamiento
de astronautas a grandes distancias de la Tierra de esos productos necesarios
para la vida.
Podemos
caracterizar esos asteroides remotamente dado que los asteroides reflejan una
parte de la luz que reciben del Sol es posible obtener espectros de la luz
reflejada. Comparando tales espectros, una vez corregidos y calibrados, con los
espectros obtenidos de diversos tipos de meteoritos en el laboratorio se pueden
establecer criterios de caracterización remota de los asteroides (Gaffey,
1976). Un ejemplo evidente de la importancia de comparar espectros de
meteoritos con los de asteroides fue identificar que ciertas acondritas basálticas
que llegan a la Tierra en forma de tres grupos diferentes denominados
Howarditas, Eucritas y Diogenitas (conocidos por el acrónimo HED) proceden del
asteroide 4 Vesta. Así lo revelan ciertas bandas de absorción características de
dos minerales comunes de esos materiales como son el olivino y el piroxeno.
Podríamos pensar que ese tipo de identificación remota a través de los
espectros de asteroides y meteoritos se ha establecido inequívocamente en
muchos otros casos pero desgraciadamente no es así. Por ejemplo, ciertos asteroides de la
denominada clase espectral S poseen similitudes con las condritas ordinarias
pero el problema es que existen innumerables asteroides compartiendo esas
propiedades reflectivas y también existen procesos de alteración espacial de
sus superficies que alteran sus propiedades. Por otro lado, la
existencia de diferentes poblaciones es reminiscencia de los procesos arcaicos
que dieron origen a estos objetos pero la evolución dinámica peculiar de cada
uno hace que se hayan desplazado de sus regiones de origen y hayan sufrido un
procesado por impactos muy diferente que complican el escenario. Para no
extenderme más en el origen y la evolución de los asteroides, objetivo
secundario de este breve post, recomiendo al lector interesado la lectura de la
obra divulgativa de Gutiérrez Buenestado (2012).
Así
pues, existen asteroides con propiedades mineralógicas similares formando
poblaciones en el cinturón principal (véase una gráfica esquemática en la Fig.
2). Los
asteroides mayormente formados por el mineral denominado enstatita (de clase espectral E)
ocupan la región interna del cinturón o aquellos de clase espectral S que son
fuente de las condritas ordinarias dominan el interior del cinturón principal. Después encontramos,
algo más alejados del Sol, los asteroides de naturaleza carbonácea y clase
espectral C son más frecuentes en torno al centro del cinturón principal.
Finalmente, las clases espectrales D y P presumiblemente más primitivas y
asociadas a las condritas carbonáceas más ricas en volátiles dominan la región
externa.
Recientemente realizamos una revisión de las principales asociaciones entre
esas clases primitivas de asteroides y los diversos grupos de condritas
carbonáceas (Trigo-Rodríguez et al., 2014).
LA REGIÓN DE ASTEROIDES PRÓXIMOS A LA TIERRA.
La
denominada Región Próxima a la Tierra se encuentra poblada por asteroides
procedentes mayoritariamente del cinturón principal pero también contiene
cometas o núcleos cometarios inactivos que pueden llegar de otras fuentes. Por
ello se hace la distinción entre los NEOs (acrónimo anglosajón de Near Earth
Objects) y NEAs en las que nos referimos intrínsecamente a asteroides. Una pequeña parte de los NEOs está formada por
núcleos de cometas y poseen características dinámicas y reflectivas peculiares. Se reserva por un lado el acrónimo NEA para los auténticos
asteroides y por otro NEC para los cometas próximos a la Tierra. Así, por
ejemplo, a principios de julio de 2014 conocemos 11.210 NEOs, de los cuales
11.116 son asteroides y, por tanto, 94 siguen órbitas típicamente cometarias.
Estos últimos constituyen un porcentaje inferior a un 1 % de todos los NEOs
conocidos tal y como revelan las estadísticas actualizadas del Near Earth
Object Program de NASA.
Entre los objetos NEOs encontramos los asteroides potencialmente
peligrosos, también conocidos como PHAs de su acrónimo anglosajón Potentially
Hazardous Asteroids. Se definen específicamente
como aquellos NEOs cuyas órbitas poseen una distancia mínima de intersección
orbital de 0,05 U.A. y que, además, sean mayores de unos 150 metros de
diámetro. Se conocen unos 1492 PHAs a principios de julio de 2014 y, entre
ellos, existen 155 con un diámetro estimado superior al kilómetro. El interés de las agencias espaciales por
estudiar NEAs es creciente. Se necesita conocer bien la estructura y
composición de estos objetos, no sólo por sus enseñanzas científicas
intrínsecas, sino también por si en el futuro debemos emplear sistemas de
paliación contra algunos de ellos. Sus pasos próximos a la Tierra los hacen ser
posibles objetivos futuros y hacen que sean objetos a "recolectar" en
futuras misiones de la NASA y JAXA. La agencia espacial japonesa Hayabusa se
posó en noviembre de 2005 sobre el NEA 25143 Itokawa y demostró que su
estructura era de pila de escombros por ser un objeto reagrupado tras una gran
colisión (Fig. 3). Esta sonda consiguió el 13 de junio de 2010 retornar en una
cápsula en condiciones estancas muestras de partículas micrométricas de polvo
de la superficie de ese asteroide. El próximo reto será el
retorno de rocas primordiales desde la superficie de los primitivos asteroides
1999 JU3 y 1999 RQ36 (Bennu) tendrá
lugar respectivamente a cargo de las misiones Hayabusa 2 (JAXA) y OSIRIS-REx
(NASA) en un futuro próximo. Estas primeras muestras recogidas de asteroides
nos permiten soñar en que la exploración futura de estos fascinantes cuerpos
pueda hacer realidad conceptos como el de la minería espacial.
Gaffey M.J. (1976) Spectral reflectance characteristics of the meteorite classes, Journal of Geophysical Research 81, 905-920.
Gutiérrez Buenestado P.J. (2012) Asteroides y Cometas, Colección ¿Qué sabemos de...?, Editorial Catarata-CSIC, Madrid.
Trigo-Rodríguez J.M. et al. (2014) UV to far-IR reflectance spectra of carbonaceous chondrites - I. Implications for remote characterization of dark primitive asteroids targeted by sample-return missions, Mon. Notices Royal Astron. Soc. 437, 227-240.
AUTOR: Josep M. Trigo-Rodríguez
LINK: http://www.investigacionyciencia.es/blogs/astronomia/45/posts/minera-espacial-explorando-asteroides-12247
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